Los arcoíris nocturnos

El Universo es uno de los más grandes enigmas para la Humanidad; explicar los fenómenos naturales y entenderlos forma parte de la curiosidad de cualquier habitante pensante en la Tierra.

Sin ningún tipo de explicación, nos gusta contemplar la luz de la Luna, los eclipses solares o el paso de una estrella fugaz; pero probablemente uno de los fenómenos más hermosos y llamativos de nuestro planeta es el momento en que el cielo se pinta con ondas multicolor: te hablamos de las asombrosas auroras boreales.

Una fábrica de colores

En la Antigüedad, las culturas occidentales creían que las auroras boreales eran signos de mal augurio; en la Edad Media se les relacionaba con desastres, guerras y plagas. Sin embargo, para las tribus esquimales representaban la luz de las almas de los muertos de camino al cielo; por su parte, los nativos norteamericanos pensaban que podían conjurar a los espíritus silbando a esas misteriosas luces; y en Finlandia estaban convencidos de que eran provocadas cuando los zorros árticos golpeaban la nieve con sus rabos. Fue hasta 1619 que Galileo Galilei las bautizó como aurora borealis (por la diosa del Amanecer, Aurora, y su Hijo el Viento del Norte, Bóreas). Pero, ¿qué son en realidad?

Una aurora boreal (o luces del norte, como se les conoce popularmente) se produce cuando suceden explosiones solares que lanzan partículas que viajan desde nuestra estrella hasta encontrarse con la Tierra; esto provoca una reacción con las moléculas de aire de las capas altas de nuestra atmósfera (a unos 100 kilómetros de altura), produciendo su propia luz. Al combinarse y reaccionar todas estas fuerzas magnéticas y eléctricas entre ellas, parecería que las luces “danzan” al moverse a través de las corrientes de la atmósfera. Dependiendo de los átomos que choquen y la altura a la que lo hagan, podrás apreciar todos los colores: rojo, verde, azul y sus combinaciones.

Como su nombre lo dice, las luces del norte sólo pueden observarse en el hemisferio norte de la Tierra (sucede un fenómeno similar en el polo sur, denominado aurora austral o luces sureñas); el mejor momento para verlas es desde finales del otoño hasta principios de primavera, siendo enero y febrero los meses en que es más probable que sucedan.

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Los mejores asientos

Viajar para ver una aurora es como comprar un boleto de lotería, y ser testigo de este fenómeno es como ganarte el premio mayor. Son varios los lugares donde se aprecia mejor, y cada uno cuenta con experiencias complementarias que los hacen viajes únicos.

Alaska. El estado más al norte de los EE.UU. es uno de los sitios más privilegiados en el mundo en cuanto a la observación de auroras; se organizan excursiones desde Fairbanks y Anchorage para observarlas.

El norte de Canadá. Yellowknife, en el noroeste de Canadá, es conocida como la Capital Mundial de la Aurora Boreal; además de la frecuencia de sus auroras, puedes obtener mucha información sobre éstas en el Centro Astronomy North. Otras alternativas son las provincias de Nunavut, los Territorios del Noroeste y el Yukón.

Noruega. Tromsø es un buen punto de partida para explorar la Laponia noruega y el Cabo Norte, así como las islas Lofoten y las islas Svalbard, la provincia de Finmmark y Kirkenes. Además puedes disfrutar de aventuras en moto-nieve, trineos tirados por renos y deliciosas cenas con salmón.

Finlandia. Este país es especialista en hacer fácil lo casi imposible, así que te ofrecerá una original vista de las luces en la Laponia finlandesa, donde podrás disfrutar también de paseos en trineo, reuniones con Santa y mucho más.

Suecia. Deja que te conduzca un teleférico hasta la Aurora SkyStation, la estación de observación de auroras boreales de la Laponia sueca situada en el corazón del Parque Nacional de Abisko (un destino con las condiciones óptimas para ver las luces pues es el lugar más seco y menos nublado del país); otras buenas opciones las constituyen Lulea y Kiruna.

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Costa norte de Islandia. En este país encontrarás las auroras más cercanas a una ciudad del mundo; si eliges Reykjavík para verlas, podrías hacerlo cómodamente desde la propia habitación de tu hotel (aunque la experiencia se vive al máximo lejos de la contaminación lumínica de las grandes poblaciones); en el Parque de Vatnajokull, por ejemplo, el mejor complemento para este espectáculo nocturno son sus hermosos paisajes de ríos y glaciares.

Cobíjate con una aurora

Si decides aventurarte a Islandia, considera el Hotel Rangá (a una hora de Reykjavík); entre sus servicios encontrarás un personal atento a despertarte en caso de que el fenómeno esté sucediendo, un rico hotel gourmet y jacuzzis exteriores calentados con energía geotermal.

El Hotel Holiday Club Salla Revontuli, en Finlandia, te sorprenderá con su impresionante diseño que emula las luces del norte. Por su parte, el Hotel Sorrisniva Igloo, en Noruega, te ofrecerá fusionarte con el paisaje ya que, en este hotel – iglú ¡todo es de hielo! (sí, hasta los vasos).

¿Algo más sencillo? En la cima de un cerro de Fairbanks, Alaska, encuentras el albergue Aurora Borealis Lodge, y allí podrás contemplar el cielo a través de enormes ventanales. Finalmente, si optas por Yellowknife, Canadá, te recomendamos el oasis de lujo rústico Blachford Lake Lodge.

Si buscas una experiencia que no todos tienen la oportunidad de vivir, con amaneceres a destiempo, impactantes cielos llenos de color y un hospedaje totalmente diferente a lo que hasta ahora has vivido, el regalo del Sol en forma de las auroras boreales seguramente será su viaje ideal.