Magia verde

¿Sabías qué en 1898, Porfirio Díaz declaró a El Chico Bosque Nacional, el primero en su tipo en México y América Latina?

El Corredor de la Montaña hidalguense es hogar de uno de los cinco Pueblos mágicos del estado de Hidalgo; Mineral del Chico (o como se le conoce coloquialmente, El Chico) enamora a todos con sus callejuelas empedradas, verdes vistas y frondosos paisajes que contrastan con los rojizos techos de sus casonas; recórrelo y viaja al pasado de este encantador pueblo minero.

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Vetas de historia

Hace más de 440 años, un grupo de mineros descubrió una enorme veta de plata en las proximidades  de Atotonilco el Grande; para explotarlas, fundaron el pequeño poblado de Real de Atotonilco (cuyo significado es “Lugar de aguas termales”), y para diferenciarlo de su vecino, le apodaron “el Chico”; tiempo después, la riqueza de sus minas le ganó el nombre de Mineral del Chico (se sabe que durante su época de mayor esplendor, en este territorio florecieron más de 300 minas de plata). Por otro lado, este pintoresco pueblito fue por muchos años el paso comercial hacia Pachuca y sus alrededores.

Un paseo tradicional

Hace tiempo que la riqueza de Mineral del Chico migró de sus minas hacia su atractivo como destino turístico; si quieres conocer las principales atracciones de este hermoso pueblo, ¡toma nota!

Comienza admirando la fachada de cantera de la Iglesia de la Purísima Concepción, construida entre los siglos XVII y XIX; en su cornisa, cada Semana Santa una lluvia de pétalos celebra la Resurrección, y ostenta un reloj del mismo taller que el Big Ben de Londres. A pie encontrarás el Museo de Minería, con fotos antiguas, murales y mucha historia, ¡y la entrada es gratis!

Obvio, ¡sin minas no habría El Chico! Explora la Mina San Antonio (abrió en 1560); durante la visita por sus tres niveles, los guías te enseñarán a distinguir los reflejos de pirita y cuarzo, así como a seguir las vetas del metal precioso y, si eres un aventurero, te pueden mostrar el lugar en un recorrido nocturno donde conocerás sus leyendas.

Piérdete en El Contadero, laberinto natural en el que los antiguos asaltantes de caminos se escondían para burlar a sus perseguidores, contar y repartir las ganancias, de allí el nombre, ¡que no se te haga de noche contemplando su belleza!

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Tierra de maravillas

No te pierdas el cercano Parque Nacional El Chico; descúbrelo a pie o en bici de montaña y disfruta de una magnífica vista en el mirador de Peña del Cuervo, parándote a escuchar el misterioso eco justo en su centro. Si el día está despejado, alcanzarás a ver a Las Monjas, formaciones rocosas que, según una leyenda, son religiosas que olvidaron sus votos y se convirtieron en piedra. ¿O por qué no ir en busca de aire fresco? Encuéntralo en el Parque Recreativo El Cedral, uno de los más antiguos de México, donde se localiza una esplendorosa presa que lleva el mismo nombre.

¿Te gustan las emociones fuertes? Conoce el Cañón del Paraíso Escondido descendiendo en rappel (ojo, debes caminar dos horas de ida y otras tantas de vuelta para llegar). Por su parte, el Parque Recreativo Carboneras te ofrece senderos, miradores y un circuito de tirolesas de 1,400 m de largo y 100 m de altura; aventúrate en su puente colgante, una cuerda de equilibrio o simplemente acampa y disfruta la vista. Y la ruta de 400 metros de Vía Ferrata, en la montaña la Tanda, te llenará de adrenalina. ¿Algo más tranquilo? Pesca truchas y carpas en las presas de Cedral y Jaramillo, o pasea en burro y visita los invernaderos de rosas de la comunidad Cimbrones.

Hogar fugaz

¿Buscas sitios con sabor de El Chico? Hospédate en la Posada Amanecer, el Hotel Campestre Quinta Esperanza o el Hotel Parador del Bosque; si lo tuyo es relajarte de forma rústica y contemplar el paisaje, te convienen cabañas como las de Las Monjas, El Pez más Trucha y Venaventura (donde podrás convivir con conejos y venados cola blanca, liberados como parte de un proyecto de conservación). Y también puedes acampar en el albergue Las Ventanas, localizado en el Parque Nacional El Chico.

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Consiéntete

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Los antojitos típicos de la región tienen como reinas a la barbacoa, las enchiladas y las quesadillas, pero no dejes de probar delicias de temporada como los quelites, escamoles, hongos y chinicuiles (gusano de maguey); ahora, si buscas algo diferente, pide tortitas de hualumbos (flor del maguey) y flor de madroño, y no te vayas sin saborear una refrescante tachuela (bebida a base de hierbas silvestres y frutas, que semeja los clavos que los mineros ponían en sus suelas para evitar resbalar en el trabajo).

¿Se te antoja un pescadito? Date una vuelta por La Trucha Feliz, una granja con 14 estanques de trucha arcoíris que desborda el agua fresca del manantial de la montaña; puedes pescarlas tú mismo y pedir que la empapelen, cocinen al ajillo o a la diabla, y tampoco te pierdas las hamburguesas de trucha (no las encontrarás en ningún otro lugar).

¡Por cierto! Vive en agosto el Festival de la Manzana y la Begonia, y el 8 de diciembre la Fiesta de la Purísima Concepción, santa patrona del pueblo; durante estas festividades, las calles se llenan de color, música y comida, ¡mucha comida!

Y si de recuerditos se trata, a lo largo de la calle principal encontrarás tiendas con artesanías de minerales y madera, productos locales y textiles de Huasca de Ocampo.

Toma tu mapa

El Chico se encuentra a 29 kilómetros de Pachuca. Existen dos rutas para llegar partiendo de la capital y ambas son seguras. La opción por el Corredor de la Montaña es más escénica, pues cruza la mayor parte del Parque Nacional y te conectará con destinos como Pueblo Nuevo, Peña del Cuervo, Llano Grande y Valle de los Enamorados, Peña de la Muela y Las Ventanas; la ruta por la carretera a La Estanzuela te acercará a este poblado y su presa, así como a la presa del Cedral y los valles Las Ranas y Diego Mateo.

Déjate sorprender por Mineral del Chico, un pueblo que te espera para sorprenderte con su pasado minero, y un punto de encuentro para conectarte con la pureza natural de su entorno.